Nuestra historia

Se inauguró el 7 de septiembre de 2016.
Junto al majestuoso Templo de Diana, en pleno casco histórico de Mérida, ciudad Patrimonio de la Humanidad, nos encontramos con 'DE TRIPAS CORAZÓN'.
Su terraza con capacidad para 90 comensales es una de las imprescindibles de la ciudad para gozar de comida tradicional elaborada íntegramente desde nuestra cocina, el laboratorio donde "desde las tripas cocinamos para llegar al corazón".  Cuidando al detalle tanto la unión entre la cocina tradicional y el servicio exquisito de su personal.
Podemos destacar el codillo, el rabo de toro, la lengua al limón, las mollejas de cordero o el foie de pato al Pedro Ximenez. Atún al orégano, el bacalao gratinado al horno con pil pil de verdura, las cocochas de merluza con manzanilla de Sanlúcar… o los asados de cabrito, cochinillo o la paletilla de cordero y las carnes de retinto con D.O.
Disponemos de un comedor en la 1ª planta con capacidad para 40 comensales, además de contar con un reservado ideal para reuniones, comidas de empresa, etc. con capacidad para 20 personas.
Igualmente, de zona de bar provista de mesas en la planta principal, para aquellos que prefieran degustar nuestras deliciosos platos junto con los demás clientes. Todo ello con precios realmente asequibles.
Nuestra bodega con más de 80 referencias entre tintos y blancos de la tierra y nacionales podrá hacerles disfrutar aún más si cabe de la velada donde les esperamos siempre que visiten esta imponente ciudad.

Guia Repsol

De tripas corazón

No es un bar de tapas y, sin embargo, abundan los que se paran a tomar algo y saborear alguna de las maravillas de Carmen Zarza Núñez, una andaluza a cargo de los fogones de esta casa. Su fuerte es bastante original en Mérida. "Apostamos por la casquería fina: el foie, las cocochas, las tripas de bacalaos, recuperar los sabores antiguos de las mollejas de ternera. Pero no queríamos encasillarnos solo en la casquería y apostamos también por otras cosas porque queremos que a Mérida se le dé un empuje a nivel gastronómico, que tenga platos que le permitan volver a las raíces pero dándoles un poco de innovación", explica Zarza con su delantal donde puede leerse Jabugo, su pueblo natal.



La idea de abrir este local, que no llega al año de vida, vino de un amigo de Andrés Sánchez, la otra pata de este dúo. A Sánchez, que trabajaba en ingeniería, nunca se le pasó por la cabeza entrar en hostelería. Y, sin embargo, en ello está. Aquí la experta en restauración es Zarza, pero Sánchez le ha puesto su toque. "Yo no tenía ni idea de restaurantes, pero aquí solo hemos puesto criterio y sentido común. Como cliente sé lo que me gusta y es lo que he intentado volcar en mi clientela".



Se suman a ese sentido común un buen servicio (los camareros son eficientes y simpáticos); la comida que sale de su cocina (ahora nos adentramos en los detalles); una carta de vinos con casi 80 referencias (de las más amplias de la ciudad); y una terraza a los pies del Tempo de Diana (uno de los monumentos más fotografiados). El local lo tiene todo para ser un referente Emeritense.


Las especialidades de la casa destilan mimo y mucha atención. El foie de pato "lo hacemos nosotros mismos. Compramos el hígado y lo hago a la forma francesa y le ponemos una reducción de Pedro Ximénez", explica Carmen Zarza. O el codillo de cerdo cocido, que requiere "dos horas a fuego lento cociéndolo y después 20 minutos más en el horno antes de servirlo ". O su ‘bacalao noruego’ que "es con un pil pil de verduras, esto quiere decir que las pochamos bien para que suelten su jugo y después lleva cúrcuma. Yo soy muy oriental, o andaluza, y me gustan mucho las especias". Y todo se traduce en pura ambrosía.



Y cuenta además con un secreto añadido que revela la propia reina de esta cocina: "Si tú haces las cosas desde las tripas llegas al corazón. Intento dar lo mejor de mí para cada uno y que así se vayan contentos. Creo que es una labor social también porque si tú pones energía positiva al elaborar los platos, tus manos son el vehículo y lo trasmites y la gente se va más contenta. Que me puedo equivocar o no te puede gustar mi cocina, pero lleva buena intención y amor".